jueves, 29 de agosto de 2013
Una mujer interesante: Lou Andreas-Salomé
"Un hombre escribió de Lou Andreas-Salomé: “Había algo aterrador en su proximidad. Lo miraba a uno con sus radiantes ojos azules y le decía: La recepción del semen es para mí el colmo del éxtasis. Tenía un apetito insaciable de él. Era absolutamente amoral, un vampiro”. El psicoterapeuta sueco Poul Bjerre, una de sus conquistas posteriores, escribió: “Creo que Nietzsche estaba en lo cierto cuando dijo que Lou era una mala mujer. Mala, no obstante en el sentido goethiano: mal que produce bien. Quizá haya destruido vidas y matrimonios, pero su presencia era excitante.”
"Ahora que escribo de Lou Andreas-Salomé me veo reflejado en su historia, muchos de nosotros hemos tenido la oportunidad de enamorarnos de un código como lo era ella, ese arquetipo que se repite en diferentes recipientes en las que la clave de su poder se encuentra en su ambigüedad y su naturaleza indomable. Es preciso comprender que mujeres como ella vienen al mundo a inspirar, no a ser atrapadas; el sufrimiento que causaba era por el constante deseo de sus parejas por intentar encadenarla, cuando debieron entender que la provocación no era meramente sexual sino totalmente creativa."
http://avantsex.com/lou-andreas-salome-la-dandy-masculina/
"Lou Andreas-Salomé, personaje enigmático para la actualidad pero muy famoso en su época tanto por su obra como por su agitada vida personal; vive de 1867 a 1931, fue amiga e interlocutora de Nietzsche, Freud y el poeta Rainer María Rilke, los cuales la trataban como su igual debido a sus probadas capacidades intelectuales como filósofa, psicoanalista y literata. Escribe al menos 200 obras entre novelas, ensayos de filosofía y artículos psicoanáliticos."
http://lou-andreas-salome.blogspot.com/
"¿Quién se acuerda hoy en día de la escritora Lou Andreas Salomé? Para muchos el nombre Lou Andreas Salomé simplemente está asociado inmediatamente con el filósofo alemán Nietzsche. Otros, quizás, también puedan recordar su relación con el poeta Rainer Maria Rilke e imaginar el idílico viaje que ambos hicieron juntos a Rusia. Incluso puede que otros -los más aficionados a encontrar nexos entre escritores, pensadores y artistas-, acaben encontrando lazos comunes de amor y amistad, o inesperados hilos conductores como si la historia del pensamiento y el arte se encargara por si misma de poner en orden y en contacto a diversos personajes para hacerles participar en un entramado de acciones que conducen inevitablemente a la realización de una obra que más tarde será entendida por los ojos de espectadores de generaciones futuras... Desgraciadamente, lo primero en lo que se piensa no es en ellas o en sus obras sino en tal relación amorosa con tal o cual celebridad, es decir: o se las considera amantes “incomprendidas” o se las destaca por una determinada capacidad especifica -un gran talento por desarrollar- que quedó destruido por la figura del genio con quien tuvo la oportunidad de compartir su vida. De este modo se intenta comprender toda su verdadera relación intelectual únicamente desde un punto de vista secundario como si toda su potencialidad artística o creadora hubiera quedado de algún modo anulado en la historia misma."
http://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero30/lasalome.html
"En una sociedad que se jacta de ser cada día menos machista, y que intenta educar a sus jóvenes en los principios de igualdad y respeto a las mujeres, éstas prácticamente no existen en los libros de texto, lanzándonos al inconsciente el claro mensaje de que todos los protagonistas de la historia, (genios, pensadores, políticos, etc.) han sido hombres, y que las mujeres no han pensado, inventado, o tomado decisiones hasta ahora. Lo mismo sucede con la asignatura de filosofía, ya que aunque ha habido grandes pensadoras a lo largo de la historia, es necesario ir a una librería feminista para descubrir quiénes fueron estas mujeres."
"Lou Salomé fue una mujer de voluntad férrea, que permaneció virgen hasta entrada la treintena (según ella misma afirma, Rilke fue su primer amante, cuando ella contaba con 36 años y él tan sólo 22). Su infancia, rodeada de sus hermanos, todos varones, la enorme influencia de la figura de su padre y sus ganas de aprender y de ser tratada por sus colegas masculinos como una igual, seguro influyeron en su forma de relacionarse a través de su cuerpo con los hombres hasta su encuentro con Rilke. Para Lou, el sentido de la libertad era el desarrollo de la propia personalidad, y esta idea no encajaba con el concepto de matrimonio, ya que para Lou éste suponía que la mujer debía renunciar a su desarrollo intelectual y supeditar su personalidad a la de su marido (como hizo su madre). A pesar de esto, matrimonio era lo que los hombres que la conocían, trataban con ella (y solían quedar irremediablemente fascinados, no tanto por su físico, sino por su brillante intelecto) le proponían constantemente, para disgusto de la propia Lou “¿Qué les pasa a los hombres? ¿Son incapaces de sentir amistad hacia una mujer, sólo saben ser amantes o esposos?”. Así pasó con la mayoría de los hombres que Lou conoció, y es curioso que el hombre que finalmente logra hacerla su mujer, el orientalista Andreas, nunca pudo consumar el matrimonio con Lou porque ella siempre se negó. Y no es que Lou tuviera ningún tipo de trastorno sexual, como demostrarían sus futuras relaciones con sus amantes, y como sugirió Nietzche, que la acusó de padecer “atrofia sexual”, seguramente a causa del despecho, ya que su amor por
Lou y sus repetidas proposiciones de matrimonio, siempre amablemente rechazadas, le llevaron al borde de la locura (Muchos allegados al filósofo sospechaban que su Zaratustra es una consecuencia de su desamor con Lou). Seguramente, el hecho de tener un matrimonio alejado de la idea convencional del mismo, y poder mantener relaciones sexuales con la persona que ella elegía en cada momento, hacían que Lou se sintiera libre; Lou no podía ser fiel a nadie, porque no podía dejar de ser fiel a sí misma. Una frase de la propia Lou que define muy bien su manera de entender la vida es: “No soy capaz de vivir según modelos, ni nunca podré servir de modelo a nadie, en cambio, estoy segura de que moldearé mi vida a mi modo, sean cuales sean las consecuencias."
http://www.investigartes.com/inicio/index.php?option=com_content&view=article&id=64:lou-andreas-salome-mujeres-pensadoras&catid=37&Itemid=73
miércoles, 28 de agosto de 2013
"La verdad sobre ser una zorra", Artículo de Stefanie Williams
"Yo soy una zorra. Una zorra muy puta. Eso dice un montón de gente. La gente que lee mi blog y no está de acuerdo con su premisa. Gente a la que no le gusto. Mujeres que piensan que el sexo es asqueroso. Chicos que buscan una chica que puedan presentar a sus madres y piensan que como yo hablo abiertamente sobre sexo, no me gustan las cenas familiares o las madres."
"Hay muchas razones por las que piensan eso. Me he acostado con un par de chicos. Más de 10. Más de 20. ¿Quieres seguir adivinando? He escrito mucho sobre mi vida sexual. He compartido historias personales porque pensaba, y pienso, no solo que escribo bien, sino que era una buena historia. Una que todavía creo que tendrá un final feliz en algún momento de todo este drama de emails de odio que incluye una nota en el parabrisas del coche de mi madre que decía: "Espero que estés orgullosa de la puta que has criado.""
"Me niego a pedir disculpas por ser una zorra y escribir sobre ello si consigo que una chica en este país no se siente en un cuarto oscuro y diga "quiero morir" mientras la gente le llama puta. Para recordarle a todo el mundo que las zorras hacen buenas cosas. Hacen deporte y ganan premios y ayudan a los enfermos. Ganan elecciones y juicios. Quieren a sus familias. Son buenas amigas que trabajan como voluntarios en refugios de animales y envían paquetes a los soldados en el extranjero. Le dan al indigente del que todo el mundo pasa diez dólares. Y no lo hacen para que les perdonen ser unas putas cachondas. Lo hacen porque son buenas personas."
http://www.huffingtonpost.es/stefanie-williams/la-verdad-sobre-ser-una-zorra_b_3795584.html
"Hay muchas razones por las que piensan eso. Me he acostado con un par de chicos. Más de 10. Más de 20. ¿Quieres seguir adivinando? He escrito mucho sobre mi vida sexual. He compartido historias personales porque pensaba, y pienso, no solo que escribo bien, sino que era una buena historia. Una que todavía creo que tendrá un final feliz en algún momento de todo este drama de emails de odio que incluye una nota en el parabrisas del coche de mi madre que decía: "Espero que estés orgullosa de la puta que has criado.""
"Me niego a pedir disculpas por ser una zorra y escribir sobre ello si consigo que una chica en este país no se siente en un cuarto oscuro y diga "quiero morir" mientras la gente le llama puta. Para recordarle a todo el mundo que las zorras hacen buenas cosas. Hacen deporte y ganan premios y ayudan a los enfermos. Ganan elecciones y juicios. Quieren a sus familias. Son buenas amigas que trabajan como voluntarios en refugios de animales y envían paquetes a los soldados en el extranjero. Le dan al indigente del que todo el mundo pasa diez dólares. Y no lo hacen para que les perdonen ser unas putas cachondas. Lo hacen porque son buenas personas."
http://www.huffingtonpost.es/stefanie-williams/la-verdad-sobre-ser-una-zorra_b_3795584.html
martes, 27 de agosto de 2013
2/a entrega
Sobre la puerta de la entrada de tu casa se encuentra una pincheta con
una rodaja de manzana y un papelito que dice, que las rebanadas de manzanas las
tendrá que comer e ir siguiendo las instrucciones de los mensajes.
Entra a la casa, pone sus llaves en el lugar habitual, coge una segunda
rebanada y la truena entre sus dientes para romper el silencio y avisar de su
llegada. Se quita la chaqueta y se acerca al aparato de música para comer una
tercera rebanada. Pone algo (lo que sea) y se va a la habitación a desvestirse
(ilusamente el pensaba encontrarla a ella en la habitación). Con una exaltación
en el ánimo toma una rebanada más de manzana que descansa sobre la mesa de la
ropa. Sale de la habitación descalzo, atraviesa el pasillo y entra en la
cocina. Sobre la mesa descansa una tetera llena de infusión de nurite, pero el
coge sólo la rodaja de manzana y el papelito. Lo lee, saca copas y una botella
de vino tinto. Sin dudar entra a la biblioteca y se encuentra con ella metida
en un vestido ligero color marfil descansando sobre su sillón de lectura. El
viento que entra por la ventana completamente abierta la despeina, y las últimas
luces del día le iluminan lo justo para distinguir que libro apunta su dedo.
Él deja la botella y las copas, sirve una para ella y se la entrega junto
con el libro ella abre una pagina cualquiera y empieza a leer. Se recuesta
sobre el sillón y levanta una pierna apoyándola sobre el descansabrazos. Lee en
voz alta tratando de armonizar con la música que se escucha en la sala de la
casa. Él, mientras tanto, va dibujando con sus dedos un camino de gotas de
vino, primero sobre los pies, luego las piernas de ella; se inca ante la
entrepierna de ella y le respira tratando de reconocer ese olor primitivo. Él
rescata una rebanada de manzana, la mete al vino para sazonarla y con un gesto
de dulzura la sumerge en la entrepierna de ella. Su respiración se detiene, sus
palabras se detienen. Él se pega al sexo de ella sosteniéndole el alma e
inundandola de placer. Ella sintiendo que cada bocado de manzana que el toma de
su sexo es como si le arrebatara una respiración atina empujarlo con el pie
cuando ya no queda nada más por ser devorado dentro de ella. Él cae de espaldas
sobre la alfombra, ella avienta el libro a un lado y gatea sobre sus piernas para alcanzar su sexo que desafiante apunta al
cielo. Ella con la más sincera de sus devociones se inclina para tomarlo en sus
labios comiéndole sin piedad. El le jala
dulcemente el cabello, la obliga a montarse en él mientras le da de beber de su
copa, que entre tanto movimiento hace una lluvia sobre sus cuerpos. Los gritos
de ella son cantos de sirena, capaces de hechizar a cualquier escucha que se
finja dormido. Ella toma por la cintura “muévete”. Ella como un canto que
envuelve el aire siente que él riega en sus entrañas luces de bengalas que
salen por la ventana de la biblioteca.
miércoles, 21 de agosto de 2013
Mis tetas y yo
Este buen artículo recomiendo leerlo varias veces. Aquí les dejo varios extractos.
"Las tetas es un tema que todo el mundo quiere tocar, pero poca gente lo hace desde la honestidad. Las revistas te dan tips para sacarles partido, tus amigos se sientan a valorarlas, los políticos buscan legislar sobre la teta, las redes sociales directamente la prohíben, la asociación contra el cáncer te advierte de sus riesgos, y los cirujanos de la ley de la gravedad."
"La mujer que se exhibe traiciona ese pacto. Salir en tetas es hacer uso de tu bomba atómica cuando todos los demás guardan las suyas. Es violar un pacto que iniciaron los hombres, pero que perpetuamos todos. La mujer vigila que el pacto se cumpla, y castiga a la infractora con la burla, el rechazo, o el ostracismo. El hombre, en cambio, anhela que rompa el pacto, pero cuando lo hace la tilda de puta."
"La mujer somete a la infractora a la burla para desacreditar la amenaza que representa. El hombre tilda a la infractora de puta para desacreditarla como juez. El hombre teme el juicio de la mujer fácil. Si una mujer ha estado con muchos hombres diferentes, puede juzgarlo a él, y por lo tanto, puede poner en riesgo su masculinidad. La mujer virgen no ha estado con nadie y el hombre junto a ella se siente seguro. La mujer es peligrosa para el hombre en cuanto a que lo juzga. Tildar a una mujer de puta es descalificar su argumento a priori. La mujer es peligrosa para la mujer en cuanto a que aniquila su atractivo. Tildar a una mujer que se exhibe de puta es para ambos una manera de protegerse."
"No es casual que todas estas diosas estén representadas por sus tetas. Las tetas eran el máximo símbolo de la fertilidad. Las tetas de la mujer eran la fuente de su poder, pero no en cuanto a que el hombre no puede resistirse a ella, sino en cuanto a que es ella quien le da la vida al hombre. Si la mujer es quien da la vida, y quien la quita, el hombre siempre estará sujeto a ella. El hombre es secundario. Sólo existe después de la mujer."
"Putificar significa degradar o burlarse de otra mujer por su conducta sexual. Las excusas para putificar a otra mujer son muchas. Se le putifica por usar ropa ajustada o reveladora, por disfrutar del sexo, por tener sexo con frecuencia, o con varias personas, o incluso se le puede putificar porque existe un rumor sobre ella. No siempre se le putifica implicando que es una puta. Se puede hacer de una manera más sutil implicando que por su conducta sexual es tonta, superficial, o machista, o cualquier otra cosa negativa."
"Una persona que putifica a otra cree que está castigándola solamente a ella, pero dado que la putificación se hace en público, el mensaje es para todos y es el siguiente: una mujer que disfruta de su sexualidad es mala, participar en actividades sexuales es malo, la mujer debe cubrirse. O mi favorito: nadie quiere a una mujer que es una puta."
"Tus tetas son tuyas. Te hacen mujer con todo lo que eso significa. Las tetas te dan tu poder. Ellas simbolizan tu fertilidad, tu conexión con la naturaleza, tu lugar en el mundo. En ellas se plasma tu poder de dar la vida. No renuncies a tu poder sin dar una buena pelea."
http://acapulco70.com/mis-tetas-y-yo/
martes, 13 de agosto de 2013
Nelly- Roberto Kazán
Qué jóvenes
éramos y cuántos sueños echados por la borda. Ambos queríamos ser escritores.
Tus letras eran sencillas, complacientes, sinceras; las mías siempre terminaban
vueltas un imperdonable subterfugio.
Nos conocimos
no sé cómo, o tal vez sí sepa pero no lo quiero recordar. Fue en una
cafebrería. Ese día cantaba temas sin dedicatoria a personas que no conocían mi
trabajo. Era un extraño para el mundo, menos para ti…
Nelly, que
bello fue descubrir tu cuerpo aquella primera vez, sí, era de noche, pero no lo
parecía. El clima contigo siempre fue llameante, súbito, nostálgico. Eres la
combinación perfecta de cachondería y ternura. Tan amarga como el café, tan
dulce como la canela.
Terminó mi ronda
de canciones, apareciste con una cámara en la mano y una sonrisa exacta. Una de
tus amigas nos retrató. Me tomaste la mano y con ella tantas cosas
indefinibles.
Pediste dos
canciones más. Las interpreté en medida de lo posible. Es cierto, nunca tuve
una gran voz, pero nunca me lo hiciste saber, no sé si por cortesía o porque
preferías mis gritos de placer en tu departamento, ese refugio que teníamos
para la locura, para el amor, para las recetas de cocina vegetariana que no me
gustaba probar.
Debes saber
que te quise más allá de ese espacio que compartimos tantas veces, esos besos
que nos dimos cegados por la profunda oscuridad; que te quise más allá de tu
entrega corpórea, de la marea púrpura que nos cubría del inexistente frío toda
la noche, de nuestros pudores y resacas,
de las preguntas absurdas de quienes nos sabían ahí, entregándonos, haciéndonos
cenizas, humo, esfumando nuestras conciencias con cada caricia, con cada
intento fallido por respirar completamente.
Aún te pienso,
si te lo preguntas.
Nelly, no
sabes lo difícil que es encontrar a alguien tan libre como tú, que lo mismo da
la hora que su tiempo. Libertaria y libertina, amante, amada, amadora.
Hoy no sé
dónde estás ni quién eres. Aún conservo los boletos del autobús que me dejaba
en la puerta de tu hogar, nuestro hogar. Todavía recuerdo con fervor religioso
tus medias negras y ese vestido verde que seguro ahora está en la basura, pues
lo dejamos inutilizable; tus bragas grises que tan bien se moldeaban a tus
caderas, tus palabras entre penetraciones, la habitación rosa con un árbol
dibujado, tus Converse rotos, tu librero atiborrado con obras de Paulo Coelho (dime,
¿qué te gusta de ese tipo?), tu templo… mis ruinas.
Para qué
negarlo, Nelly, aunque me haya largado dejaste mucho en mí, las cicatrices que
dejaste en mis piernas sólo son el reflejo mínimo de lo que hiciste en mi
cabeza.
Ahora sé que
hay más en tu vida, subieron bastante
tus divisas y eso me consume, me enferma, me toca lo profundo. Me desgarra
saber que ese cabrón te desflora con mejores virtudes, con mejores argumentos. ¿Tú
lo amas, Nelly? ¿Todos tus textos eróticos son para él?, porque de ser así él
te merece en demasía pues supo matar ese cáncer que te consumía las entrañas,
ese que no te dejaba plasmar todas las letras que callaste cuando estuvimos
juntos. ¡Lo has logrado!, eres y serás una gran hacedora de historias, capaz de
entregarte cual si hubiera sólo un día para amar, mientras yo he de seguir en
este subterfugio, evitando confrontar el hecho de que te he perdido.
lunes, 12 de agosto de 2013
Desnuda y en la playa- Roberto Kazán
![]() |
| Imagen Robilan Prado |
Definitivamente no eres una
sirena aunque tu piel de tonalidades arena pudiera decir lo contrario. En lugar
de una gran aleta verde, tienes dos hermosas piernas, delgadas, largas, torneadas,
de una suave infinitud.
Desnuda desde el amanecer
hasta el ocaso. Es de noche y las horas pasan sin saber a dónde van. Tú estás
ahí, con ellas, conmigo, con la fresca revoltura del mar, con el estruendo que
hacen las olas al romper cuando chocan entre sí, como pretendemos hacerlo ahora
nosotros.
La oscuridad es reina y nos
dedicaremos a honrarla, a hacerle reverencia en una fiesta donde las pieles son
más que dos pedazos de cuero joven.
Negrura es todo lo que puede
percibirse. Frente a ti y a mí un monstruo inquieto espera el primer movimiento,
es un ajedrecista que clava la mirada en los desdichados peones de marfil, de
madera, de huesos, carne y bajas pasiones que serán sacrificados.
Abrimos las bocas y nos
tragamos en la orilla de la playa, el demonio nos besa los pies mientras
permanecemos parados aunque no sea por mucho. Trata de engullirnos envolviendo nuestras piernas con su lengua
húmeda. Nos derriba y me desnuda. Se lleva las cáscaras de lo que soy cuando no
estoy contigo. Nosotros seguimos el baile, el idilio; seguimos --sin pensarlo- nuestro
erótico encuentro.
Posa sus ojos de luna
hiriente encima de nosotros. No hay luz más cegadora que la que irradias de entre tu sexo decorado con
algas pardas, con coral. Nada me
absuelve más que tus enormes senos piñones, tu vientre que no es confuso, tus dedos alborotados,
tu voz perfecta, tenue, sumisa, clara,
tan clara como tus gesticulaciones al pasar mi barba y mi nariz cerca de tu
culo redondo, prominente, balsámico.
Somos arrastrados lentamente
pero eso no importa. Ya tumbados, bebo al mismo
tiempo de ti y del mar, de ese inmenso mar que no se acerca para nada a tu
salinidad, a lo deliciosa que eres, a lo mucho que me excita lastimarte, verte
gemir y gritar mientras cierras los ojos y los puños, y pellizcas la arena con
los pies cual cangrejo que trae las marejadas.
Eres mía y
estás aquí, en cueros, sólo cobijada por la marea temperamental y mis manos que
te acarician el clítoris a la par de tus labios que surcan maliciosamente desde
mi glande y hasta base de mi verga con besos que para nada son tímidos.
El tiempo
es espectador, voyerista que se autocomplace al ver a la nada consumiéndonos,
volviéndonos fósiles marinos, preservados por estas letras que narrarán una y
otra vez la escena en donde veo tus tetas correr con las aguas, atrapando los
minutos como clepsidras mientras me dices palabras que no olvidaré, mientras te
acaricio vorazmente, como la furia del atrabancado viento, del imponente mar;
sin darnos cuenta que éste ha comenzado a hundirnos lentamente en medio de un
suspiro inconcluso, de una pasión que en esta vida habrá de quedarse parca.
sábado, 10 de agosto de 2013
A media luz
Tarde gris y fría allá afuera. Adentro, media luz, música suave, tus ojos reencontrándose en los míos y viceversa, el aire cálido de tu cuarto, besos que van y vienen, caricias que estremecen, ropas que empiezan a caer...
Tú y yo, cuando el mundo se reduce a ese espacio, a ese instante tan delicioso. Los besos apasionados, nuestras lenguas entrelazándose, explorándose, redescubriéndose, para luego bajar por el cuello antes acariciado y hacer parada con un suave mordisqueo a la altura del hombro, mientras acercamos nuestros cuerpos más y más, hasta sentir que la excitación empieza a aparecer. El punto de partida: La cama.
Ya acostados, tus manos despliegan su arte sobre mí, recorriéndome la piel de norte a sur, mientras siento como pequeñas descargas eléctricas placenteras. Mientras más bajan tus manos, tu boca va siguiéndolas con cierto margen de distancia. Ahí están mis senos, esperando ansiosos la humedad de tu lengua, en lo que tu brazo izquierdo empieza a rodearme y tu mano derecha hace lo que mejor sabe hacer, rozándome y tocándome una y otra vez - a veces suave, a veces fuerte - en el sur de mi anatomía, cuando empiezas a percibir que mi excitación va en aumento, que los gemidos inicialmente leves empiezan a aumentar el volumen y las revoluciones. Es en ese momento donde tu lengua detiene su labor, para dedicarte a mirarme; y sin que tu mano derecha se detenga en lo que está haciendo, me miras extasiado en el momento en que mis gemidos casi se han convertido en gritos entrecortados y mi cuerpo ya no tiene control sobre sí mismo, porque ahora lo controlas totalmente tú. Te encanta sentir que tienes el control y te das el lujo de hacerme esperar un poco, mientras yo me inundo y te pido con desesperación que me salves, que entres en mí, y te digo en ese momento que no quiero nada más que tenerte adentro, sentir que te mueves, que navegas en mí, que me llenas, que nos acoplamos a la perfección, como si hubiésemos sido creados coincidentemente el uno para el otro. Te decides por fin a invadirme y nuestro mundo se convierte en paraíso.
De pronto tu piel se enciende, tus ojos me muestran minutos más tarde, que tú también estás llegando al momento cumbre. Se te ahoga un gemido en la garganta, pero le sigue otro mucho más fuerte, más claro, más sublime, que se dispara cual sonido envolvente. Se nos escucha en todo el piso, o tal vez en todo el edificio... no lo sabemos. Es un edificio antiguo, de techos altos, hay mucho eco.
Por un momento me imagino a tu vecina oyéndonos al otro lado de la pared, masturbándose y cerrando los ojos mientras te desea y se imagina que eres tú quien se la coje, que es ella la que goza cada segundo de tu arte de amar, mientras sus hijos están en la escuela y su marido, aquel caballero muy correcto y muy decente - que probablemente hace meses ni siquiera la toca - está trabajando para mantener a la familia.
Y así se nos pasa la tarde, una sesión de amor tras otra, en la cama, en la alfombra, en la cocina, en la sala, en el baño. Apenas unos minutos de receso para recuperar un poco de aire y descansar los músculos, y empezar otra vez. Tú sí que sabes lo que quiero. Soy un poco exigente, y aunque hay cierta diferencia de edades, te acoplas muy bien y sin problema a mi ritmo.
Después una ducha tibia y relajante, una conversación interesante y música en francés de fondo, mientras nos secamos y empezamos a vestirnos, nos bromeamos un poco, nos sonreímos, nos alistamos para salir a andar un rato por el centro. Salimos del brazo, cerramos la puerta. Caminamos en dirección de las escaleras, mientras nos miramos tiernamente y nos reímos; y la vecina, de pie en su puerta, nos queda mirando un tanto rabiosa, como si se le hubiese quedado un orgasmo a medio camino, incompleto.
Casi llegando al primer piso, nos cruzamos con el portero, quien nos saluda con una sonrisa maliciosa, como si toda la tarde nos hubiese estado escuchando detrás de tu puerta, desde el exterior. Le devolvemos el saludo y salimos raudos, felices y tomados de la mano, como niños curiosos a recorrer la ciudad.
- Dhanaisha -
* Imagen prestadita de la peli "El último tango en París"
Tú y yo, cuando el mundo se reduce a ese espacio, a ese instante tan delicioso. Los besos apasionados, nuestras lenguas entrelazándose, explorándose, redescubriéndose, para luego bajar por el cuello antes acariciado y hacer parada con un suave mordisqueo a la altura del hombro, mientras acercamos nuestros cuerpos más y más, hasta sentir que la excitación empieza a aparecer. El punto de partida: La cama.
Ya acostados, tus manos despliegan su arte sobre mí, recorriéndome la piel de norte a sur, mientras siento como pequeñas descargas eléctricas placenteras. Mientras más bajan tus manos, tu boca va siguiéndolas con cierto margen de distancia. Ahí están mis senos, esperando ansiosos la humedad de tu lengua, en lo que tu brazo izquierdo empieza a rodearme y tu mano derecha hace lo que mejor sabe hacer, rozándome y tocándome una y otra vez - a veces suave, a veces fuerte - en el sur de mi anatomía, cuando empiezas a percibir que mi excitación va en aumento, que los gemidos inicialmente leves empiezan a aumentar el volumen y las revoluciones. Es en ese momento donde tu lengua detiene su labor, para dedicarte a mirarme; y sin que tu mano derecha se detenga en lo que está haciendo, me miras extasiado en el momento en que mis gemidos casi se han convertido en gritos entrecortados y mi cuerpo ya no tiene control sobre sí mismo, porque ahora lo controlas totalmente tú. Te encanta sentir que tienes el control y te das el lujo de hacerme esperar un poco, mientras yo me inundo y te pido con desesperación que me salves, que entres en mí, y te digo en ese momento que no quiero nada más que tenerte adentro, sentir que te mueves, que navegas en mí, que me llenas, que nos acoplamos a la perfección, como si hubiésemos sido creados coincidentemente el uno para el otro. Te decides por fin a invadirme y nuestro mundo se convierte en paraíso.
De pronto tu piel se enciende, tus ojos me muestran minutos más tarde, que tú también estás llegando al momento cumbre. Se te ahoga un gemido en la garganta, pero le sigue otro mucho más fuerte, más claro, más sublime, que se dispara cual sonido envolvente. Se nos escucha en todo el piso, o tal vez en todo el edificio... no lo sabemos. Es un edificio antiguo, de techos altos, hay mucho eco.
Por un momento me imagino a tu vecina oyéndonos al otro lado de la pared, masturbándose y cerrando los ojos mientras te desea y se imagina que eres tú quien se la coje, que es ella la que goza cada segundo de tu arte de amar, mientras sus hijos están en la escuela y su marido, aquel caballero muy correcto y muy decente - que probablemente hace meses ni siquiera la toca - está trabajando para mantener a la familia.
Y así se nos pasa la tarde, una sesión de amor tras otra, en la cama, en la alfombra, en la cocina, en la sala, en el baño. Apenas unos minutos de receso para recuperar un poco de aire y descansar los músculos, y empezar otra vez. Tú sí que sabes lo que quiero. Soy un poco exigente, y aunque hay cierta diferencia de edades, te acoplas muy bien y sin problema a mi ritmo.
Después una ducha tibia y relajante, una conversación interesante y música en francés de fondo, mientras nos secamos y empezamos a vestirnos, nos bromeamos un poco, nos sonreímos, nos alistamos para salir a andar un rato por el centro. Salimos del brazo, cerramos la puerta. Caminamos en dirección de las escaleras, mientras nos miramos tiernamente y nos reímos; y la vecina, de pie en su puerta, nos queda mirando un tanto rabiosa, como si se le hubiese quedado un orgasmo a medio camino, incompleto.
Casi llegando al primer piso, nos cruzamos con el portero, quien nos saluda con una sonrisa maliciosa, como si toda la tarde nos hubiese estado escuchando detrás de tu puerta, desde el exterior. Le devolvemos el saludo y salimos raudos, felices y tomados de la mano, como niños curiosos a recorrer la ciudad.
- Dhanaisha -
* Imagen prestadita de la peli "El último tango en París"
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