martes, 16 de julio de 2013

Laura, el amor universitario

Recuerdo que sus ojos eran hermosos. Una especie de aureola amarillenta rodeaba sus pupilas, y de ahí hacia afuera el color decantaba hacia un gris azul que era motivo suficiente para adorarla. Delgada, blanca y rubia, era exactamente el modelo de mujer que había deseado desde pequeño y ahora, a mis 17, estaba allí, ofreciéndome su mano para enlazarse con la mía.
La acababa de conocer en la universidad 15 días atrás y sin que yo supiese muy bien cómo, ya era mi novia.

La llamaré Laura. Es mayor que yo por un año y cumplimos en días muy cercanos. A ambos nos rige Escorpio, el signo de la sexualidad. Y en verdad nuestros juegos eran muy fogosos. Aún no habíamos tenido sexo; sólo habían pasado dos semanas, pero las caricias, los besos y nuestra picardía, incluso frente a los demás, predecían inequívocamente nuestras ganas. Estábamos que nos comíamos.

Esa tarde Laura y yo nos habíamos reunido con Dilia, otra compañera de clases, para hacer un trabajo de investigación que estaba bastante adelantado, así que llegamos a la casa de Dilia a eso de la 1:00 p.m. con muy buen humor y dispuestos a pasar una tarde agradable, con mucha paz. Una hora más tarde nuestra amiga se puso una pintura roja en la boca, se maquilló un poco y anunció que saldría de casa porque debía comprar bebidas, así que se fue. Para nuestra sorpresa, cerró la puerta principal con llave y se despidió burlonamente, diciendo: "Disfruten, tienen tres horas para ustedes solitos"...

Laura y yo nos quedamos en shock 2 o 3 minutos, en los que no decidíamos qué hacer. ¿Estaría Dilia gastándonos una broma o esas tres horas eran de verdad? ¿Y si venía la familia? ¿Y si ella regresaba? ¿Y si...?

Tenía su boca a dos centímetros de la mía y veía sus ojos embelesado, con el corazón adolescente latiendo a ritmo de samba, sabiéndome dueño de una oportunidad que no debía desperdiciar y que –estaba claro por su actitud- Laura tampoco pensaba perderse. Se despejaron las dudas y salimos del trance para entrar en un juego exquisito y que hasta hoy, 12 años más tarde, recuerdo como uno de los momentos más increíbles de mi vida.

Su lengua saboreó deliciosamente mi boca. Un cosquilleo ardiente se diseminó desde mi pene hacia la nuca, recorriendo en un escalofrío mi espina dorsal hasta sentir un golpe seco en la base del cráneo; no es posible estar más excitado, así que respondí tomándola por la cintura y atrayéndola rápida pero suavemente hacia mí. Estábamos de pie y cuando la abracé sintió mi erección, poderosa, evidente, típica de esa edad. Eso la encabritó y su beso se hizo invasor, nuestras manos recorrían la piel del otro por debajo de la ropa y allí, por primera vez, sentí sus senos tibios, tras deshacerme del sostén que los aprisionaba.

Saqué su blusa y los lamí tiernamente. Eran pequeños pero muy firmes, con areolas rosadas y una textura celestial. Ella a esta altura ya me había sacado la camisa y acariciaba mi pecho haciendo pequeños pellizcos cerca de las tetillas. Mi excitación crecía a cada instante y sentía cómo todo mi cuerpo se electrizaba con cada roce de Laura.

La falda no duró nada en su lugar. Me quité rápidamente el pantalón y los interiores e inmediatamente después me arrodillé frente a ella. Su vello púbico era castaño claro y formaba una pequeña mata que despedía un olor único, que sólo he sentido en ella. Como llevado por una fuerza superior, deslicé mi rostro por la almohadilla peluda que cubría sus labios vaginales. Podía ver entre ellos una fisura muy rosada y húmeda, que empezaba a apretarse contra mí. Ávida, mi lengua se introdujo entre los labios mayores y hallé un clítoris que sobresalía un poco del conjunto. Lo lamí con poca pericia pero mucho ardor, porque bastante había leído acerca de ese maravilloso órgano femenino.

Sin embargo, yo no aguantaba más. Había un sofá sin brazos en la sala, de modo que me la llevé cargada hasta allá, porque Laura apenas pesaba 47 kilos, y yo 60 o más... la deposité en el sofá e inmediatamente intenté penetrarla, pero Laura era virgen, una extraña sorpresa para mí. Me encajé con fuerza en la entrada de su vagina y comencé a moverme lentamente para que se acostumbrara a la presión de mi pene sobre el himen inmaculado. Ella no sintió dolor o lo disimuló muy bien mientras estuve intentando perforarla pero, apenas logré traspasar la tenue barrera, lanzó un grito terrible. Sin embargo me sostuvo las caderas con las manos y me pidió que me quedara quieto allí adentro. Mientras una lágrima le resbalaba, tuvo aún humor para decirme: "¡si lo sacas ahora te dejo!" y yo obedecí.

Al cabo de unos minutos durante los cuales nos distrajimos gozosamente entre besos y caricias, cara a cara, me pidió que la cabalgase. Entonces sentí la mayor delicia en este mundo: el frote de sus paredes alrededor del pene, estrechándome, abriéndose lentamente para darme paso, resbaladizas y firmes en torno al glande, humedeciendo el tallo y la base alfombrada con mi propio vello.

Me movía sobre Laura y ella ¡estaba gozando!. Por encima de la irritación de su reciente desfloramiento, su cuerpo le enviaba señales de placer y pude ver cómo su cara se torcía hacia atrás, dejando los ojos en blanco y, poco después escuché un segundo grito, tan profundo como el anterior pero sin rastros de dolor. Le llegó un orgasmo con el que casi perdió el sentido. Sus ojos en blanco, la convulsión de su cadera y sus uñas atravesándome casi la espalda fueron un estímulo extra que rompió mi resistencia, sintiendo entonces que debía salir de ella cuanto antes, para no tener que criar niños. Salí violentamente de ella mientras salían chorros de semen desde mis entrañas, e iban a caer sobre el tenso abdomen de mi novia, quien me veía complacida por su gozo y el mío.

Inmediatamente me acurruqué con ella en el sofá y hablamos del amor, de nuestras vidas, de lo hermoso que fue. Hicimos promesas imposibles.
Dilia llegó, efectivamente, a las 5 de la tarde. Nos despertó suavemente, porque habíamos caído en un plácido sueño de pareja. Lo primero que vi fue su rostro maquillado y sus labios muy rojos. Después de la modorra inicial, recordé que estaba desnudo, y, entre excusas, cubriéndome y tratando de cubrir a Laura, buscaba con la vista la ropa, que estaba en la cocina, pero no lo recordaba. Dilia estaba muerta de risa y me dijo que me tranquilizara:
¿saben qué hora es? Hace como media hora que los vi dormidos, y me gustó como se ven ustedes juntos, hacen una linda pareja, ella blanca, tú moreno. Incluso sentí deseo de tocarte pero Laura es mi amiga. –dijo, con un guiño- Así que no te tapes más, ya te vi bastante. 

A pesar del discursito, prácticamente corrí hasta la cocina para vestirme cuanto antes. Lo mismo hizo Laura aunque más tranquila. Seguramente ya su amiga la conocía desnuda.

Nos despedimos un poco atolondrados por la situación y nos fuimos por la calle muy felices, eufóricos, riendo a cada cruce, a cada calle, hasta que llegamos a la casa de Laura. Allí nos despedimos con una felicidad superior a cualquiera que recordáramos y finalmente, regresé a casa.

Me procuré una toalla y me desvestí en el baño, para ducharme. Fue entonces cuando noté dos grandes anillos de rojo carmín que rodeaban mi pene.


Publicado originalmente aquí

"Sí, soy una Puta"


Buena


Ábrela, buena
Hablo de la puerta que nunca cierras
Tengo un pedestal por demoler
Pretendo posarte sobre el polvo
Disponte, buena
Prueba mi pleitesía
Justifica el viaje del encuentro
Kilómetros estrangulados paso a paso, vuelo a vuelo
en dirección de tu templo
El cielo se va desamparando
Acógeme, buena
Te doy mis manos que comieron
de carnes extranjeras
revueltas miraron gotas de lucero
Manifestaron en las ventanas
en la calle, en el mar y las paredes
Te alzaré, buena
gritarás lo que te falte
la inclemente sensación de desnudez
Te alumbraré, buena
Todo tu hondo será de mi luna
Te batirás terrena, llegaré a derrotarte
Veo mas mundo blanco del que podré
caminar en una sola vuelta
Te viajaré, buena
Varias veces
Hallaré, buena
La manera de morderte para que
dures mucho tiempo mordida
Mira, buena
Deja salir tu mirada a mi tarde
Mira cómo me tienes
Has logrado hacerme desearte
Te daré, buena
Furor y vida para la boca deseada
y el resto de tu estatura
embebida en jugo de claridad
Espero aquí a ser llamado
Buena.

lunes, 15 de julio de 2013



Desnudo



Déjame crear constelaciones nuevas en  tu espalda,
una noche de estas, mientras te tengo, asi como te invento: desnudo.

Cobíjame con la seda negra de tus noches,
Alimenta mi deseo con tus versos y
bésame los labios con sórdido desvelo.

Voy a recorrer la selva de tu pecho una noche estas, desnudo
Caminaré por tus muslos y tus llanos,
lameré sedienta el agua salada de tu frente,
mientras enredo mis dedos en tu pelo níveo de años.

Sos bello, no te he visto, pero ansiosa,
 te sueño, te invento y  te escribo.
Desnudo, sin duda, sos más bello desnudo.
-Luna Rodríguez

De putas y poetas.

"La más señora de todas las putas, la más puta de todas las señoras"
Joaquín Sabina



Con su lengua viperina y zalamera
van las almas de erotismo repletas,
ellos dicen que se llaman poetas;
ellas, putas, mesalinas o rameras

Son un faro donde se alumbra la espera
entre plumas y derrumbes de braguetas,
son amores compartidos en banquetas
y una cama, un colchón como trinchera

El oficio tan sagrado de ser puta
es capaz de abrir de capa los inviernos
y trocar todo el llanto en primavera

Y el poeta que no conoce la ruta
va a buscarse versos de amor eternos
con la primer puta que encuentre allá afuera

Carlos Monsalvo - 2013
Para las putas de izquierda



Dieta Mediterránea



Con uno alcanza y entre tres se basta
mi corazón que en ambos se destella
quisiera unir bajo la misma estrella
el cataclismo que los dos desatan. 

Besar a ambos frente a los decentes
¡escándalo de miel y de erotismo!
desde sus pieles hasta el paroxismo
desde el amor hasta el deseo latiente. 

Los celos y los  fétidos prejuicios
heridos por la espina de una rosa
envidian de este  aroma en su desquicio

mis pétalos abiertos como prosas
mientras el fuego y riego hacen propicios
mi ardiente dualidad poliamorosa. 


Mariana @trovaymas

Nota: Entre presiones y retos, va mi primer soneto.

domingo, 14 de julio de 2013

Demonio querido

Somos parte de la postal perfecta...
Tú, con tus caras y muecas,
yo, desnuda entre tus piernas.

Sígueme hablando del universo,
sigue mostrándomelo con cada beso.
ajusta mi cuerpo al tuyo,
que somos engranes conocidos y perversos.

Quema mi piel con tus caricias,
que esta noche soy invitada especial
y no me aterra el infierno
si me quemo contigo.
Demonio, demonio querido.

Vuelve a reír con locura en mi oído,
vuelve a husmear por mis rincones,
a reconstruir mis emociones,
vuelve a desplegar tus alas
y llévame a volar.

Mira como nos hacemos uno
con cada palabra, con cada mirada,
con cada silencio y cada suspiro,
con cada palpitar.

Toma mi mano y enséñame el camino
a la selva de tu ser,
déjame descubrirte…redescubrirte,
déjame enseñarte lo que en tu ausencia aprendí,
quiero saciar las ganas que tengo de ti.

Vuelve a ser mi demonio, vuelve a envolverme,
a enamorarme, a raspar mi cuerpo con tu barba,
vuelve a robarte mi alma…esta noche estoy a tus pies.

Dame de tu lengua agua de vida,
de tus manos caricias,
de tus brazos abrazos,
dame de tus palabras sabiduría.

Somos parte de la postal perfecta,
tú, aliviando mi frío con tus llamas,
yo, acariciando tu espalda,
despertando tus ganas.

Arráncame la piel…
enséñame el mundo
devórame, destrózame,
inúndame.

Demonio querido,
somos un cuadro perverso y perfecto,
Yo, con mis caras y muecas,
tú, desnudo entre mis piernas.